¡Ay negrita querida! ¡Cuántas penas atrabancadas te cargas, cuántos sollozos silentes! Pero sigues ahí, pretendiendo fortaleza, fingiendo armonía y paz. ¡Ay negrita mía! ¿Hasta cuándo seguirá tu dolor? ¿Cuándo se calmará tu pena? Ya quiero que tus ojitos, mi negra, paren de brillar por el efecto de las lágrimas que se aceleran hasta tus mejillas.
¡Corre! ¡Huye! ¡Vete y no mires atrás! Aquí ya no queda alimento para ti ni para tu alma. Aquí los sueños no son más que eso, ilusiones creadas para calmar las necesidades de la mente y en el corazón. ¡Vete ya, mi amor! ¿Acaso tus alas han cortado? ¿Acaso tus pies han sido clavados sobre terreno infertil? Mira que tu luz se apaga... ¡Corre, por favor! ¡Aléjate ya! El dolor que sientes ahora es insignificante comparado al que sentirás si no te vas.
Negra, sé libre porque no perteneces a este lugar. Abandona el nido y vuela alto como águila en el horizonte. Que el único enredo sea el que provocan las curvas de tus cabellos, más no el que sientes en el pecho cada vez que te disparan veneno, cuando ponen limón sobre tus heridas.
Ya vete mi ángel de piel morena, tu cielo está de aquel lado del vasto mar.

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